Notas del Parroco
The  Pastors Notes

 

I think that it is providential that both the Feast of Pentecost and Mother’s Day have come together on this very special Sunday. I would like to take this opportunity to thank all of the women who, in one way or another, give life to so many through their dedication and love. In a special way I would like to thank my own mother, Mrs. Modest Arambula de Sanchez. She is an incredible woman that has spent an entire lifetime teaching me, through her wisdom and life, the absolute importance of being a man of faith and compassion. She grew up in simplicity in the foothills of the Sierra Madre in Durango Mexico, in a little town called La Purisima (The Immaculate Conception). The daughter of a barber, she grew up with her two younger sisters and little brother. With only a third grade education to help her get through life, she never could have imagined what life would deal her and where she would spend the better part of 40 years. In 1960 she married my father Mr. Jesus Jose Sanchez and together life would bring them here to Chicago where they had seven children. Being poor immigrants, life in the U.S. was difficult at first. With so many children, living in slums and unable to speak English, she would take refuge in her faith and prayers to get through the days. She once said: “Those years were hard, but I was happy because I had all of you with me. We didn’t have much and we often depended on the charity of others, but we were together.”

I look at my mom now and realize that when I speak to her I am speaking to a woman of great faith and love. I am speaking to a woman who has gone through suffering and hardship that I can’t even imagine and yet she smiles. I am looking at a woman who did not receive the benefit of an education or the status of someone important yet has invested her heart and faith so abundantly. I am looking at a woman whose best friend is the Blessed Virgin Mary on whom she has depended these many years and who has never failed her. I am looking at a woman who fully understands that she is at the mercy of God's grace to help her raise a family in a world she cannot communicate with or understand. In short, I am speaking to a true daughter of God and Mary.

Therefore, on this special day, what can I say to you, my brothers and sisters, that could make any difference accept to exhort you to take a moment and thank your mother as I do today. Say to her: “thank you mother for giving me life; for caring for me when I needed you most; for providing for me all of these years; for bringing me to the waters of baptism which give me eternal life; for bringing me to the Lord's table every Sunday to hear His word; for ensuring that I receive the gift of the Holy Spirit; for helping me find my purpose in life. Thank you mother for being the tabernacle of my true inheritance whose feast day we celebrate today. Thank you mother for bringing me to God who is the source of the love you have given me!!!”

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Pienso que es providencial que celebramos dos fiestas importantes, el día de las madres y la fiesta de Pentecostés. Me gustaría tomar esta oportunidad para darles las gracias a todas las mujeres quienes han dado vida, de una manera u otra, por medio de su dedicación y amor. De manera especial, quiero darle las gracias a mi propia madre, la Sra. Modesta Arambula de Sánchez. Ella es una mujPienso que es providencial que celebramos dos fiestas importantes, el día de las madres y la fiesta de Pentecostés. Me gustaría tomar esta oportunidad para darles las gracias a todas las mujeres quienes han dado vida, de una manera u otra, por medio de su dedicación y amor. De manera especial, quiero darle las gracias a mi propia madre, la Sra. Modesta Arambula de Sánchez. Ella es una mujer increíble que ha pasado toda una vida enseñándome la importancia de ser un hombre de fe y compasión. Ella creció en un pueblo pobre y humilde localizado en la sierra madre occidental de Durango México, pueblito de nombre “La Purísima” (el pueblo fue dedicado a la Inmaculada Concepción de Maria). Fue hija de un peluquero con dos hermanitas y un hermanito. Mi madre solo contaba con tres años de educación en la primaria para ayudarle superar los retos de la vida. Nunca se hubiera imaginado en que dirección la fuera llevar la vida y donde iba a vivir más de 40 años. En el año 1960 se casó con mi papa. Don Jesús José Sánchez, y poco después, partieron para las tierras de Chicago donde criaron a siete hijos. Siendo pobres inmigrantes, la vida en los EEUU fue difícil. Con siete hijos, viviendo en apartamentos decaídos y sin poder hablar ingles, mis padres se refugiaban en su fe y sus oraciones para salir adelante. Recuerdo una ocasión donde mi madre me dijo: “Esos años fueron muy difíciles, pero era feliz porque los tenia con migo. No teníamos mucho y, a veces, dependíamos de la caridad de los demás, pero estábamos todos juntos.”

Hoy miro a mi madre y reconozco que cuando hablo con ella, estoy hablando con una verdadera mujer de fe y amor. Estoy hablando con una mujer que ha sufrido cosas que yo jamás entenderé o conoceré, y sin embargo sonríe. Estoy mirando una mujer que no tuvo el beneficio de una educación y sin embargo invirtió en nosotros la abundancia de su fe y corazón. Estoy hablando con una mujer que tiene como su mejor amiga a la Santísima Virgen Maria quien nunca la ha abandonado. Estoy hablando con una mujer que reconoce que su vida existe bajo la misericordia y gracia de Dios para ayudarle con su labor de criar a su familia en un mundo donde ella misma no podía comunicarse o entender. En fin, estoy hablando con una verdadera hija de Dios y de Maria.

En este día tan especial, que les puedo decir hermanos sino exhortarlos que tomen el momento de pensar en la vida de tu “jefita” y darle las gracias. Dile: “gracias madre por la vida que me diste; gracias por quererme y apoyarme; gracias madre por haber proveído por mi en todos los sentidos por tantos años; gracias madre por haberme llevado a las aguas del bautismo que me da vida nueva; gracias por haberme llevado la Santa Misa todos los domingos; gracias por preocuparte que yo recibiera los dones del Espíritu Santo; gracias por ayudarme encontrar el propósito y vocación de mi vida. Gracias madre por ser el sagrario de mi verdadera herencia cuya fiesta celebramos hoy. ¡Gracias madre por traerme a Dios quien es la fuente del amor que me llegó a través de ti.!!!
er increíble que ha pasado toda una vida enseñándome la importancia de ser un hombre de fe y compasión. Ella creció en un pueblo pobre y humilde localizado en  la sierra madre occidental de Durango México, pueblito de nombre “La Purísima” (el pueblo fue dedicado a la Inmaculada Concepción de Maria). Fue hija de un peluquero con dos hermanitas  y un hermanito. Mi madre solo contaba con tres años de educación en la  primaria para ayudarle superar los retos de la vida. Nunca se hubiera imaginado en que dirección la fuera llevar la vida y donde iba a  vivir  más de 40 años. En el año 1960 se casó con mi papa. Don Jesús José Sánchez, y poco después, partieron para las tierras de Chicago donde criaron a siete hijos. Siendo pobres inmigrantes, la vida en los EEUU fue difícil. Con siete hijos, viviendo en apartamentos decaídos y sin poder hablar ingles, mis padres se refugiaban en su fe y sus oraciones para salir adelante. Recuerdo una ocasión donde mi madre me dijo: “Esos años fueron muy difíciles, pero era feliz porque los tenia con migo. No teníamos mucho y, a veces, dependíamos de la caridad de los demás, pero estábamos todos juntos.”

 Hoy miro a mi madre y reconozco que cuando hablo con ella, estoy hablando con una verdadera mujer de fe y amor. Estoy hablando con una mujer que ha sufrido cosas que yo jamás entenderé o conoceré, y sin embargo sonríe. Estoy mirando una mujer que no tuvo el beneficio de una educación y sin embargo invirtió en nosotros la abundancia de su fe y corazón. Estoy hablando con una mujer que tiene como su mejor amiga a la Santísima Virgen Maria quien nunca la ha abandonado. Estoy hablando con una  mujer que reconoce que su vida existe bajo la misericordia y gracia de Dios para ayudarle con su labor de criar a su familia en un mundo donde ella misma no podía comunicarse o entender. En fin, estoy hablando con una verdadera hija de Dios y de Maria.

En este día tan especial, que les puedo decir hermanos sino exhortarlos que tomen el momento de pensar en la vida de tu “jefita” y darle las gracias. Dile: “gracias madre por la vida que me diste; gracias por quererme y apoyarme; gracias madre por haber proveído por mi en todos los sentidos por tantos años; gracias madre por haberme llevado a las aguas del bautismo que me da vida nueva; gracias por haberme llevado la Santa Misa todos los domingos; gracias por preocuparte que yo recibiera  los dones del Espíritu Santo; gracias por ayudarme encontrar el propósito y vocación de mi vida. Gracias madre por ser el sagrario de mi verdadera herencia cuya fiesta celebramos hoy. ¡Gracias madre por traerme a Dios quien es la fuente del amor que me llegó a través de ti.!!!